FMI, comunicación y la ventana que se achica

(Por Luis Secco - economista y director de Perspectiv@s Económicas) El acuerdo con el FMI representa un avance para el Gobierno, pero sin definiciones claras sobre su implementación, el margen de maniobra se reduce. La incertidumbre cambiaria y la falta de señales concretas pueden erosionar la confianza y afectar la estabilidad económica.

El Gobierno logró un hito importante al avanzar en un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En un país como Argentina, donde los compromisos financieros con el Organismo suelen marcar el pulso de la política económica, este avance no es menor, pero la experiencia demuestra que conseguir el acuerdo es apenas el comienzo, lo que realmente importa es cómo se implementa y qué expectativas logra consolidar.

Desde el anuncio, abundan las declaraciones oficiales, pero escasean los detalles, Se habló de un monto global de US$ 20.000 millones, de los cuales solo una fracción, probablemente unos US$ 6.000 millones, constituirá financiamiento fresco. El resto se destinaría a cubrir vencimientos con el propio FMI y a cancelar deuda en dólares del Tesoro con el Banco Central. Esa aclaración que llegó en forma fragmentaria días después del anuncio, contrastó con la impresión inicial de un ingreso sustancial de divisas y provocó una lógica moderación en las expectativas del mercado.

Algo similar ocurre con el régimen cambiario. El Gobierno ha reiterado su voluntad de avanzar hacia un esquema más libre, dejando atrás el actual cepo, pero sin que hasta el momento se conozcan los términos concretos del nuevo régimen. A eso se suma un mensaje contradictorio: por un lado, se insiste en que no habrá una corrección brusca del tipo de cambio; por otro, se admite que el actual esquema debe ser modificado. El resultado es una incertidumbre creciente. No por la existencia del acuerdo, sino por la falta de definiciones precisas sobre su ejecución. 

En lugar de consolidar expectativas, el Gobierno parece haber optado por administrar el suspenso, dilatando los anuncios que podrían dar contenido real a la estrategia de estabilización y eso tiene un costo. La economía, como los mercados, no funciona en base a promesas, sino a señales claras, y  cuanto más se posterga la letra chica, más difícil es sostener la confianza.

Hay, además, un componente político que no puede desestimarse. El Gobierno hizo del acuerdo con el FMI una bandera para reforzar la idea de que el rumbo elegido es el correcto. Pero si no logra traducir ese hito en medidas concretas, corre el riesgo de que el discurso empiece a perder eficacia. No se trata solo de la política económica: se trata también de gobernabilidad, de credibilidad y de liderar un proceso de reformas que aún está en su etapa inicial.

La oportunidad que abre el acuerdo con el FMI existe, pero no es indefinida. En la medida en que se demoren las definiciones sobre el régimen cambiario, la política de acumulación de reservas o el cronograma de desembolsos, esa oportunidad podría evaporarse. Y con ella, buena parte del capital político que el gobierno supo construir en los primeros meses de gestión.  Por eso, más que declaraciones complacientes o promesas grandilocuentes, lo que se necesita ahora es claridad. Un programa económico no se consolida con entrevistas, se consolida con decisiones, y  en un país acostumbrado a la inestabilidad, cada oportunidad que se pierde tiene un costo.

Pero a pesar del desgaste reciente, aún se está a tiempo de reencauzar las expectativas. Desde el inicio, el talón de Aquiles del programa fue la política cambiaria. Era previsible que, si la llamada etapa 2” del plan se extendía, surgirían presiones sobre el esquema actual. Aunque en julio pasado se anunció que esa etapa tendría una duración indefinida, resultaba evidente que un modelo basado en controles y apreciación cambiaria no podría sostenerse por mucho tiempo sin consecuencias.

La buena noticia es que esa etapa no fue en vano, se cumplió el objetivo de cerrar los grifos de emisión monetaria, y se consolidó el ajuste fiscal iniciado en la primera fase del programa. Esos logros brindan una base sobre la cual avanzar. La situación actual es delicada, pero no irreversible. Requiere, eso sí, decisiones visibles: una política cambiaria más consistente y una corrección del tipo de cambio que restablezca equilibrios y devuelva previsibilidad. Porque lo que está en juego no es solo la continuidad del programa, sino la posibilidad de que este sea recordado como algo más que un intento bien intencionado pero inconcluso.

FMI, comunicación y la ventana que se achica

(Por Luis Secco - economista y director de Perspectiv@s Económicas) El acuerdo con el FMI representa un avance para el Gobierno, pero sin definiciones claras sobre su implementación, el margen de maniobra se reduce. La incertidumbre cambiaria y la falta de señales concretas pueden erosionar la confianza y afectar la estabilidad económica.

Tafí Viejo potencia su desarrollo económico con acuerdos internacionales en tecnología y energías renovables

La firma de un acuerdo con el Grupo Fusen de China abre nuevas puertas para Tafí Viejo, fortaleciendo el comercio, la cooperación tecnológica y la inversión en energías renovables. A través de este convenio, se promueve el intercambio en sectores clave como la industria, el turismo y la educación, además de avanzar en proyectos sostenibles, como la instalación de paneles solares, que beneficiarán a la comunidad taficeña y a la economía local.