La ubicación geográfica de Tucumán constituye, desde hace décadas, una de sus principales ventajas competitivas. Situada en el corazón del NOA y con conexiones estratégicas hacia el NEA, Chile y el corredor bioceánico, la provincia reúne condiciones naturales para convertirse en un hub logístico regional. Sin embargo, esa potencialidad solo puede materializarse mediante infraestructura, planificación y una visión productiva que acompañe el crecimiento.
En ese escenario comienzan a cobrar relevancia los desarrollos vinculados a lo que en logística moderna se conoce como “la última milla”, o incluso el “último cuarto de milla”: espacios pensados para resolver la etapa final del circuito de distribución, donde el producto finalmente llega al consumidor o al punto de venta.
Este segmento se ha transformado en uno de los motores silenciosos de la economía contemporánea. El crecimiento del comercio electrónico, la necesidad de reducir los tiempos de entrega y la optimización de las cadenas de suministro obligan a repensar la infraestructura urbana y logística de las ciudades.
La lógica es clara: mientras los grandes centros de distribución se ubican en la periferia o en parques industriales, los nodos de última milla acercan la logística a los centros de consumo, reduciendo costos, tiempos de entrega y complejidad operativa.
Más allá del impacto puntual de cada proyecto, lo verdaderamente relevante es lo que representan dentro de una mirada más amplia: la construcción de un ecosistema productivo moderno en el que convivan industria, logística, comercio, tecnología y desarrollo urbano.
Las provincias que logren articular estos componentes serán las que capturen las nuevas oportunidades económicas. En ese sentido, Tucumán tiene la posibilidad de dar un salto si logra integrar infraestructura logística, desarrollo empresarial y planificación territorial.
El desafío no es menor. Implica pensar a la provincia no solo como un territorio de producción agrícola o industrial, sino también como una plataforma de servicios logísticos para toda la región.
Si esa visión logra consolidarse, proyectos como Punto 38 dejarán de ser iniciativas aisladas para convertirse en piezas de una arquitectura productiva capaz de potenciar la competitividad regional y el desarrollo económico del norte argentino.
Tu opinión enriquece este artículo: