¿Argentina está cerca de lograr una inflación baja y estable? Los retos del 2025, un año de definiciones

(Por Luis Secco - economista y director de Perspectiv@s Económicas) Con un objetivo de inflación del 1% mensual, el Gobierno enfrenta desafíos clave, como tarifas, precios de alimentos y la inercia económica, mientras se perfila un año electoral crucial.

Luego de la abrupta desaceleración inflacionaria durante 2024, la gran pregunta es qué tan cerca está Argentina de consolidar un régimen de inflación baja y estable. Las proyecciones para enero oscilan entre el 2.2% y el 2.7%, según estimaciones privadas y el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de diciembre. Si bien estos valores continúan la tendencia descendente, el verdadero interrogante es si esta trayectoria puede mantenerse o si estamos entrando en una fase donde el ritmo de desinflación comienza a ralentizarse.

El Gobierno ha dejado claro que su objetivo es llevar la inflación a niveles de 1% mensual, en línea con la tasa de depreciación del peso bajo el esquema de crawling peg. Sin embargo, alcanzar esa meta en los próximos meses será una tarea difícil. Las tarifas de servicios regulados, el precio de la carne, la medicina prepaga y la estacionalidad de la vuelta a clases jugarán en contra de una baja sostenida en febrero y marzo. En este contexto, la inflación núcleo (aquella que excluye precios estacionales y regulados) será un indicador clave para determinar si el proceso de desinflación sigue en marcha o si ha encontrado un umbral difícil de perforar.

Expectativas e inercia: los desafíos de la segunda etapa

Hasta ahora, la reducción de la inflación ha respondido en gran parte al fuerte ajuste fiscal y a la política de emisión cero. Pero a medida que la inflación se acerca a niveles más bajos, el problema deja de ser simplemente monetario o fiscal para convertirse en un fenómeno más complejo, donde juegan un rol central las expectativas y la inercia.

Los últimos datos han mostrado cierta resistencia a la baja en los precios de los servicios, que llevan cuatro meses con variaciones superiores al 4% mensual. Esto no es casualidad: en sectores intensivos en empleo, donde los costos laborales son determinantes, la indexación salarial y la recomposición de márgenes empresariales (en un contexto de recuperación de la demanda) pueden hacer que la inflación se mantenga en un piso más alto del que el Gobierno desearía. A esto se suman los mecanismos de ajuste de contratos y alquileres, que siguen funcionando con referencias de inflación pasada, lo que dificulta la convergencia a tasas más bajas en el corto plazo.

El factor político en un año electoral

Además, la desinflación se enfrenta a un dilema político: en 2024, el Gobierno logró generar apoyo en gran parte porque la caída de la inflación fue percibida como su mayor éxito. Pero si en los próximos meses la inflación se estanca, ese activo comenzará a perder peso. Para sostener la confianza en el programa, será necesario que la economía muestre nuevas señales de avance, especialmente en materia de recuperación del empleo y de la actividad económica.

El 2025 no es un año cualquiera: hay elecciones de medio término y el Presidente se juega a consolidar su poder y la fuerza electoral de su partido. Y en este contexto, necesita sostener la narrativa de las "buenas noticias”. En un año electoral, cualquier desvío en la inflación o en el crecimiento económico podría ser utilizado por la oposición para cuestionar la efectividad del programa económico. Por ello, será crucial que las autoridades mantengan un mensaje claro y coherente, evitando promesas que no puedan cumplir pero alentando las expectativas de que el cambio de régimen económico seguirá a buen ritmo. Un cambio que tendrá que verse materializado en reformas estructurales que den consistencia y sustento a los buenos resultados del primer año. Lo cual es casi tan o más desafiante que las leyes de emergencia iniciales.

Por lo pronto, el presidente Milei y el ministro Caputo han insistido en que el objetivo de una inflación del 1% mensual sigue vigente. Sin embargo, las condiciones actuales del programa económico sugieren que ese nivel podría tardar más de lo esperado en alcanzarse. La baja inflación seguirá siendo un activo político, pero sólo mientras la economía en su conjunto no muestre signos de fatiga. De lo contrario, el 2025 podría convertirse en un año donde las preguntas sobre el futuro del programa comiencen a pesar más que los logros del pasado.

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