Luis Secco: la inflación baja, pero el desafío es que el alivio llegue a los hogares

(Por Luis Secco - economista y director de Perspectiv@s Económicas) Analiza la desaceleración de la inflación en junio, aunque advierte que el alivio aún no se refleja plenamente en el presupuesto de los hogares. 

El dato de inflación de junio fue una buena noticia para el Gobierno y para la economía. El IPC nacional aumentó 1,9% mensual, el registro más bajo de los últimos diez meses, y la inflación núcleo —la que excluye precios estacionales y regulados— fue de 1,6%. Este último dato es especialmente relevante porque ayuda a medir mejor la tendencia de fondo. Si la núcleo baja y se ubica por debajo del nivel general, hay una señal más sólida de que el proceso de desinflación sigue avanzando.

También hubo datos favorables en rubros muy sensibles. Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 1,3% a nivel nacional, por debajo del promedio general, y Prendas de vestir y calzado apenas aumentó 0,4%. Para una economía que viene de años de inflación muy alta, que los alimentos se muevan por debajo del índice general no es menor. Ayuda a moderar la presión sobre los ingresos y refuerza el argumento oficial de que la inflación está entrando en una zona más manejable.

En el NOA, además, el dato fue algo mejor que el promedio nacional: la inflación mensual fue de 1,7%, contra 1,9% del total del país. Alimentos y bebidas no alcohólicas también subieron 1,3% en la región. En principio, entonces, el número luce bien tanto en la comparación nacional como en la regional.

Pero hay un matiz importante. Que la inflación baje no significa necesariamente que las familias la perciban de inmediato. Y no lo perciben, entre otras razones, porque buena parte de los gastos que no pueden evitarse siguen subiendo por encima del promedio. A nivel nacional, los bienes aumentaron 1,4%, pero los servicios subieron 2,9%.

En el NOA, los bienes aumentaron 1,4% y los servicios 2,3%. Es decir, la desinflación se ve con más claridad en los bienes que en los servicios.

Esa diferencia importa mucho para la percepción cotidiana. Los hogares no compran el “nivel general” del IPC. Pagan alquiler, expensas, electricidad, gas, transporte, salud, educación, telefonía, internet y otros servicios. Muchos de esos gastos llegan a principio de mes, no pueden postergarse y tienen poca sustitución.

En junio, por ejemplo, Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 3,3% a nivel nacional; Salud, 2,9%; Bebidas alcohólicas y tabaco, 2,1%; y Recreación y cultura, 4,2%, impulsada por paquetes turísticos

En el NOA, Educación aumentó 3,5%, Salud 2,9%, Transporte 2,1%, Vivienda 2,2% y Bienes y servicios varios 2,2%.

Por eso, el dato puede ser correcto y positivo, pero aun así no sentirse plenamente en el bolsillo. La inflación promedio baja, pero algunos precios que pesan mucho en la vida diaria siguen corriendo a una velocidad mayor. A eso se suma otro elemento: la Canasta Básica Total, que mide el ingreso necesario para no caer por debajo de la línea de pobreza, aumentó 2,2% en junio, por encima del IPC general. La Canasta Básica Alimentaria subió 1,3%, en línea con alimentos, pero la CBT avanzó más porque incorpora otros gastos básicos no alimentarios.

La conclusión, entonces, debería evitar los extremos. No corresponde minimizar el dato. Una inflación de 1,9% mensual y una núcleo de 1,6% son avances importantes. Tampoco corresponde presentar el número como si el problema ya estuviera resuelto. El Gobierno tiene motivos para celebrar, pero no para sobreactuar. La desinflación sigue siendo el principal activo económico y político del programa

Después de meses de dudas sobre actividad, reservas, tasas y financiamiento, un dato de inflación más bajo ayuda a recomponer expectativas. Además, llega en un momento en el que el oficialismo intenta mostrar que la economía empieza a jugar a favor a partir de menor inflación, menor riesgo país, programa financiero presentado y una agenda de reformas que busca reforzar la idea de estabilidad.

Pero el desafío ahora es que la desinflación deje de ser sólo un dato estadístico y empiece a ser una experiencia cotidiana. Para eso no alcanza con que el IPC general baje. También tienen que moderarse los gastos fijos, los servicios, los regulados y la canasta total de consumo de los hogares. Mientras eso no ocurra, puede haber una distancia entre la mejora que muestran los indicadores y la mejora que perciben las familias.

En síntesis, la inflación de junio fue, sin duda, un buen dato. La pregunta es si marca una tendencia suficientemente firme y, sobre todo, si esa tendencia empieza a sentirse dónde más importa: en el presupuesto mensual de los hogares.

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