Si bien las cuentas públicas siguen en positivo, los resultados de 2026 ya son más bajos que los del año pasado, en un contexto de fuerte caída de la recaudación.
A esto se suma un factor clave: el shock energético. Si bien mejora algunos ingresos, también presiona sobre la inflación, el consumo y especialmente sobre los subsidios.
El dilema es claro: o el Estado absorbe el impacto con más gasto, o lo traslada a tarifas, con efecto directo en el bolsillo. Para Secco, el ancla fiscal sigue siendo central, pero su sostenibilidad ya no está garantizada.
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