Felipe Seia: Tecnología, gestión y el desafío de aprender antes de reiniciar

(Por Felipe Seia — Director de IN NOA) La adopción tecnológica avanza en las organizaciones, pero muchas inversiones chocan con debilidades de gestión. Procesos desordenados, mal uso de datos y expectativas sobredimensionadas sobre la IA exponen un desafío clave: aprender antes de reiniciar.

Volver a empezar una y otra vez suele presentarse como parte natural del camino. Mirar hacia adelante es necesario, pero avanzar sin entender qué ocurrió antes no es evolución: es regresar al punto de partida, o incluso a uno más incierto.

En los últimos años observé a demasiadas organizaciones caer en la misma lógica. Frente a resultados insatisfactorios, la respuesta fue incorporar herramientas, plataformas o sistemas, con la expectativa de que la tecnología resolviera problemas que nunca se ordenaron en origen. Ese enfoque no transforma: posterga.

Los CRM y softwares de gestión son un ejemplo frecuente. Concebidos para mejorar la relación comercial y la toma de decisiones, terminan muchas veces convertidos en repositorios costosos de información duplicada, desactualizada o sin responsables claros. No fallan por limitaciones tecnológicas, sino por ausencia de procesos, disciplina operativa y visión comercial.

A esto se suma otro fenómeno propio del momento: la proliferación de especialistas en inteligencia artificial sin experiencia real en la dinámica empresarial. La distancia entre la teoría y el territorio genera presentaciones sofisticadas, pero resultados pobres. En la práctica cotidiana, desde una fuerza de ventas hasta una negociación, cuestiones básicas siguen siendo determinantes.

La inteligencia artificial no ordena el caos. Cuando los procesos están mal diseñados, la tecnología no corrige el problema: lo amplifica. Acelera errores, incrementa costos y escala ineficiencias. Amplifica lo que existe, tanto lo sólido como lo defectuoso.

Por eso, antes de hablar de empezar de nuevo, las organizaciones deberían detenerse en preguntas menos cómodas:

  • ¿Qué falló realmente?
  • ¿Dónde se quebró el proceso?
  • ¿Quién decide y con qué información?
  • ¿La tecnología se adopta para crecer o para evitar revisar lo estructural?

La competitividad no surge de perseguir la última herramienta disponible. Surge de comprender, ordenar y luego escalar con criterio. Ese orden previo es el que transforma inversión en productividad y datos en decisiones.

Empezar de nuevo sin aprendizaje no es estrategia: es repetir errores sin generar valor.

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