Objetivos del nuevo régimen cambiario: ¿estabilidad, acumulación de reservas y crecimiento?

(Por Luis Secco - economista y director de Perspectiv@s Económicas) El nuevo esquema de flotación administrada busca consolidar la estabilidad y atraer divisas, pero enfrenta desafíos clave como la apreciación real del peso, la competitividad exportadora y el crecimiento económico.

El levantamiento parcial del cepo cambiario y la implementación del régimen dentro de bandas de flotación representan un paso crucial en el programa de estabilización económica del Gobierno. Si bien la medida responde a una necesidad urgente de consistencia y sostenibilidad en la política cambiaria, surge la pregunta de hasta qué punto este régimen será capaz de cumplir con los objetivos clave: estabilidad macroeconómica, acumulación de reservas, y reactivación económica.

1. Estabilidad: Inflación y expectativas

El objetivo primordial de cualquier régimen cambiario es, por supuesto, la estabilidad. En este caso, la estabilidad no solo se refiere a la cotización del dólar, sino también a la evolución de las expectativas inflacionarias. La implementación de bandas de flotación puede facilitar una estabilidad cambiaria más predecible, al limitar las fluctuaciones excesivas dentro de un rango determinado. Sin embargo, la clave estará en cómo el mercado reacciona ante las expectativas del tipo de cambio y el cumplimiento de las metas fiscales y monetarias. En este sentido, el nuevo régimen debe demostrar que puede generar confianza tanto en los agentes económicos internos como en los inversores externos. Aunque las primeras semanas han mostrado señales positivas, la verdadera prueba estará en la sostenibilidad a mediano plazo. Y para ello la capacidad del BCRA de acumular reservas es central.

2. Acumulación de divisas: ¿un desafío pendiente?

En el diseño inicial del régimen, la expectativa es que la mayor estabilidad cambiaria facilite la entrada de divisas, especialmente a través de los sectores exportadores, que hasta ahora habían estado reacios a liquidar divisas ante la posibilidad de una corrección cambiaria. Sin embargo, el éxito de este objetivo dependerá en gran medida de dos factores: la capacidad del régimen para mantener una competitividad adecuada para las exportaciones y la relación entre la demanda de dólares y la oferta disponible en el mercado. Si bien los ingresos del complejo agroexportador han sido un alivio temporal, la sostenibilidad de este flujo dependerá de la evolución del tipo de cambio real.

3. La apreciación real: ¿un obstáculo para el crecimiento?

El nuevo régimen cambiario no ha resuelto la consecuencia más negativa del régimen anterior: la apreciación real del peso. En los primeros días de funcionamiento del régimen, se ha observado incluso una apreciación nominal de nuestra moneda. Un fenómeno celebrado por el Gobierno pero que pone sobre la mesa un interrogante central: el peso fuerte llegó para quedarse o es sólo un fenómeno transitorio cuyo límite está dado por la competitividad de los sectores transables. En un contexto de productividad baja, la apreciación real erosiona la competitividad de las exportaciones, fomenta las importaciones, deprime el crecimiento de los sectores transables y presiona sobre la balanza comercial dificultando la acumulación de reservas. El Gobierno tendrá que evaluar cómo hacer para balancear la política cambiaria con el fortalecimiento de la competitividad externa. ¿Se corregirá este desajuste gradualmente con el tipo de cambio moviéndose hacia el techo de la banda o será necesario intervenir de alguna forma para evitar que el peso siga apreciándose en términos reales?

Aunque es temprano para emitir juicios definitivos sobre el impacto del nuevo régimen cambiario, los primeros días de su implementación sugieren que la estabilidad nominal de corto plazo no será puesta bajo estrés. Sin embargo, la efectividad a mediano y largo plazo dependerá de cómo se logren equilibrar el objetivo inflacionario con los objetivos de acumulación de reservas, competitividad externa y crecimiento económico. La historia económica reciente de Argentina nos ha enseñado que un tipo de cambio real apreciado no es un aliado fácil de la sostenibilidad económica.

Será clave que el Gobierno pueda gestionar cuidadosamente esta dinámica y tomar decisiones estratégicas que permitan mantener la estabilidad sin sacrificar los incentivos para la inversión y el crecimiento sostenido. Los próximos meses serán decisivos para determinar si este régimen cambiario puede colaborar para superar los desafíos estructurales que enfrenta la economía argentina.

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